Poco más de 100 milímetros desnudan las carencias estructurales de las capitales del NEA
Un nuevo temporal volvió a dejar al descubierto la fragilidad de la infraestructura urbana en Corrientes y Resistencia. Con apenas 100 milímetros de lluvia, ambas capitales colapsaron y expusieron problemas históricos sin resolver.

Un promedio cercano a los 100 milímetros de lluvia caída en pocas horas volvió a colapsar los sistemas urbanos de las ciudades de Corrientes y Resistencia. El temporal de viento y agua que se abatió sobre el Nordeste Argentino dejó al descubierto, una vez más, la debilidad estructural de ambas capitales frente a eventos climáticos intensos.
El primer impacto visible fue la suspensión del servicio de transporte interurbano entre Corrientes y Resistencia. Las empresas que prestan el, ya de por sí costoso, servicio decidieron interrumpir los recorridos hasta que el agua escurra de las calles y las arterias vuelvan a ser transitables.
Las postales se repiten con mayor frecuencia: calles inundadas incluso en zonas céntricas, comercios y viviendas anegadas, y pérdidas económicas que recaen directamente sobre vecinos y comerciantes. El problema no distingue sectores: ni el microcentro ni los barrios periféricos logran escapar al avance del agua.
La situación es aún más crítica en asentamientos que, durante décadas, fueron tolerados en zonas de lagunas, riachos y zanjones, tanto en Corrientes como en Resistencia. Allí, el anegamiento es casi inmediato y los reclamos se multiplican con cada lluvia intensa.
Vecinos desesperados colocan cintas, sogas y carteles para cortar calles y recorridos del transporte urbano, ya que el paso de colectivos y vehículos provoca que el agua ingrese a living, cocinas y dormitorios. Comercios, por su parte, se ven obligados a desconectar equipos eléctricos, con el consiguiente riesgo de daños en heladeras, vitrinas y herramientas de trabajo.
Corrientes
En la capital correntina, uno de los hechos más notorios fue la inundación total del anfiteatro Mario del Tránsito Cocomarola. El agua llegó hasta la altura del escenario Osvaldo Sosa Cordero, que este viernes debe albergar la primera noche de la edición 2026 de la Fiesta Nacional del Chamamé. Si bien para el mediodía el predio había sido desagotado, en otros sectores de la ciudad los problemas persistían.
Más allá de la importancia del evento cultural, preocupa la situación en zonas bajas como los barrios San Ignacio, La Olla, Esperanza y Sapucay Norte. A esto se suma la renovada inquietud de los pobladores de San Luis del Palmar, a orillas del Riachuelo.
El subsecretario de Gestión de Riesgos del Municipio, José Pedro Ruíz, informó que “hasta las 8 de la mañana se registró un promedio de 92 milímetros de lluvia caída”, cifra que ascendió a 102 milímetros hacia las 9.
Resistencia
En Resistencia, los anegamientos también generaron serias complicaciones. En los barrios de la zona sur, la situación fue más grave debido al desborde del sistema de desagüe de la avenida Soberanía Nacional, lo que provocó inundaciones en toda el área comprendida entre la ruta 11 y Puerto Vilelas. El canal Quijano, otro de los principales cauces, tampoco logró contener el caudal de agua.
La zona urbana consolidada no quedó al margen del temporal y se registró la interrupción total del servicio de colectivos durante varias horas. Cerca del mediodía, autoridades provinciales difundieron un comunicado en el que el ministro de Gobierno, Julio Ferro, buscó llevar tranquilidad a los vecinos al asegurar que las aguas escurrían con normalidad por el Canal Soberanía.