El Cocomarola fue Cosquín con Los Nocheros
La presentación de Los Nocheros en la 35ª Fiesta Nacional del Chamamé transformó al anfiteatro Cocomarola en una postal coscoína, con un repertorio festivalero y una única concesión al chamamé.

La noche correntina tuvo aire de serranía cuando Los Nocheros subieron al escenario de la 35ª Fiesta Nacional del Chamamé y, por un largo tramo de su actuación, convirtieron al Anfiteatro Mario del Tránsito Cocomarola en una versión litoraleña de la plaza Próspero Molina de Cosquín. El grupo salteño se apegó al repertorio que viene desplegando en su gira por los festivales de verano y sólo hizo la concesión de interpretar Bañado Norte como único tema chamamecero de las diez canciones que ofrecieron, una elección que volvió a poner en debate su presencia en la Fiesta Nacional.
El propio Mario Teruel, líder histórico del conjunto, insistió en referirse al evento como “festival”, una definición que terminó de encuadrar el perfil de una actuación pensada más desde la lógica coscoína que desde la tradición chamamecera. Sin embargo, la respuesta del público fue inmediata y masiva, confirmando el poder de convocatoria del grupo.
El arranque fue con Juan de la calle, seguido por Mi chica de pueblo, Un poquito de celos y Canto nochero. En ese punto llegó la versión de Bañado Norte, cuidada en lo musical y respetuosa en el clima, que funcionó como puente con la identidad local antes de retomar el repertorio habitual con Voy a comerte el corazón a besos.
El quiebre definitivo se produjo cuando sonaron los primeros acordes de Chacarera del rancho. El anfiteatro, que suele ser bailanta chamamecera, mutó en una verdadera plaza Próspero Molina: la gente se levantó de las tribunas, bailó y coreó cada canción que siguió. Pasaron Sin principio ni final, No saber de ti, Materia pendiente y El humahuaqueño, todas celebradas como clásicos infalibles del cancionero popular.
El cierre con La Yapa selló una noche particular. Tras el temporal que había puesto en duda la realización de la jornada, el Cocomarola se llenó de un clima de montaña, evocando las nueve lunas del Festival Nacional de Folklore de Cosquín. Una postal distinta dentro de la Fiesta del Chamamé, que volvió a mostrar la tensión permanente entre identidad y apertura, tradición y formato festivalero.