Chamamé sin fronteras: Brasil y Corrientes, unidos en una enchamigada musical
Yamandú Costa y Renato Fagúndez sellaron en el Anfiteatro Cocomarola un encuentro cargado de emoción y pertenencia, reafirmando al chamamé como un lenguaje cultural que integra y hermana a Brasil y Corrientes.

Con guitarra y acordeón, Yamamdú Costa y Renato Fagúndez protagonizaron una de las noches más simbólicas de la Fiesta Nacional del Chamamé, dejando en claro que el género no reconoce fronteras y funciona como un puente vivo entre Brasil y Corrientes. Fue una verdadera enchamigada musical, atravesada por el afecto, la memoria y una identidad compartida que se proyecta a todo el Litoral y al MERCOSUR cultural.
La definición de Julián Zini —“Chamamé, conjuro musical, hijo del viento que tierna y dulcemente bandea las fronteras y te obliga a sentirte lo que sos”— encontró una traducción precisa sobre el escenario del Anfiteatro Cocomarola. El virtuosismo guitarrístico de Costa y el pulso montielero del acordeón de Fagúndez construyeron un diálogo sonoro que mostró los múltiples matices de una pasión chamamecera en permanente movimiento.
Yamandú Costa abrió su presentación con Don Tito, homenaje a su padre, y expresó su alegría por volver al escenario mayor del chamamé. Recordó una gira por Europa y luego enlazó Clarita, rasguido doble de su autoría dedicado a su madre. La seguidilla de evocaciones continuó con Mburucuyá, en memoria del recordado acordeonista Rudi Flores, figura central del género.
El guitarrista brasileño destacó además su profunda amistad con Rudi y Nini Flores, vínculo que volvió a hacerse presente con la invitación a Sebastián Flores, sobrino del músico fallecido e hijo de Nini. Juntos interpretaron Cosa de hermanos y recordaron la grabación de un álbum realizada en Brasil en 2013. Costa cerró su set con una versión de alto vuelo de Karai, coronando una actuación marcada por la gratitud y el respeto.
Luego llegó el turno de Renato Fagúndez, quien abrió con El Tero para reafirmar su raíz en el chamamé montielero. Siguió con A mi Corrientes porá y un saludo que cruzó el río Uruguay y la pantalla, dirigido tanto al público presente como a su gente que lo seguía desde Brasil. “Dejé el río Uruguay y los traje en él, los remansos del alma, para enchamigarnos con el chamamé”, expresó, subrayando además la valoración internacional de este estilo.
Fagúndez presentó a su conjunto, integrado por Adolfo Piriz en bandoneón (Santo Tomé), “Toto” Maciel en bajo, Juanjo Belaustegui en primera guitarra y Santiago Jacobo en segunda guitarra y voz, ambos de Curuzú Cuatiá. Recordó su nacimiento en São Borja y su arraigo en Uruguaiana, y compartió obras propias como Abrazo de chamamé —compuesta junto a Mateo Villalba—, Uruguayana y Paraje San Salvador, de Ernesto Montiel.
En un pasaje reflexivo, mencionó con tono amable que algunos colegas versionan canciones mexicanas o chilenas en ritmo de chamamé, para aclarar de inmediato: “Yo, como brasileño, toco chamamé de Ernesto Montiel”. Con esa premisa encaró el recitado previo a General Madariaga y cerró su actuación con Gente de ley.
La noche dejó una certeza: el chamamé sigue vivo porque dialoga, se comparte y se renueva. Y en esa enchamigada entre músicos brasileños y correntinos, la música volvió a demostrar que la identidad se construye en comunidad, con raíces profundas y alas abiertas.